Es obvio que estos ventarrones dejaron, tierra, basura, destrucción y nadie pensaría que algo bueno pudiera surgir de todo esto. Pero la maestra Rosaura Barahona, en su columna de El Norte, resaltó algo que le sucedió y que personalmente, también vivimos mi familia y yo…
Llegamos a la casa y fue imposible abrir las puertas y las ventanas que permitirían salir el ineludible polvo acumulado en los papeles. Eso fue alrededor de las 10 de la mañana y pensamos que sería un rato, pero a las 5 de la tarde se fue la luz. Volvió a las 12 y media de la noche. Las velas y dos lámparas de batería nos acompañaron hasta que nos dormimos.
Mi adicción a leer antes de dormir se vio amenazada y el síndrome de abstinencia agravó mi neurosis. Por suerte, mi esposo rescató mi paz espiritual con una de sus lamparitas para libros que me permitió leer y, así, dormir tranquila.
Todo fue una probadita del pasado. En medio de la oscuridad, a las 8 de la noche, es muy fácil comprender por qué nuestros antepasados se levantaban al alba y se acostaban al atardecer. La luz eléctrica no existía y las velas o los quinqués sólo aclaraban un poco la penumbra.
También es fácil entender por qué tenían tantos hijos. Si ambos se acostaban a la misma hora y en vez de tecnología había oscuridad, resultaba natural arrullarse en los brazos del otro.
¿Cuantos de ustedes se refugiaron en sus hogares, y en la oscuridad de la noche, o a la luz solamente de unas velas, empezaron a inventar formas de entretenimiento con su familia, a platicar anécdotas, o simplemente a reencontrarse?
¿Cuantos dejamos nuestras labores a un lado, la televisión, la computadora, y nos dedicamos un poco o mucho tiempo a ver a los nuestros, conocer sus inquietudes o a externar las nuestras?
¿Cuantos “optimizamos” lo que teníamos en cuanto a los alimentos, ya que no podíamos enfriar o calentar en el microondas? Algunos ni siquiera acceso telefónico teníamos y no podíamos pedir una pizza o esta ni siquiera llegara por las inclemencias del tiempo?
¿Cuantos logramos dormir mas temprano, y los que tienen pareja dormirse con ella o el al mismo tiempo?
¿Que aprendimos de todo esto?






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Regio400 03.20.08 at 1:03 pm
Eso sucede mucho aca en Matamoros y en Brownsville por la temporada de Huracanes. Mi papa fue el primero en notar eso. En cierta forma nos alegra cuando se “nos va la luz”.
Cuando “se va la luz”, cuando todos los grandes inventos del hombre resultan obsoletos. El hombre regresa a su origen: la familia.
No hay ruido dentro ni fuera de la casa. La casa se convierte en hogar. Un quinque es la unica fuente de lumenes y luxes. Cuando “no hay luz” es cuando ves mas claramente el amor que se profesan tus padres. A falta de television o internet, comienzas a platicar de anecdotas, relatos y chistes entre tu familia. No falta el “chistosito” que dice: “Deja prendo la tele” (como? si no hay luz).
Tus proyectos, sin necesidad de luz, los pones sobre la mesa. Los comentas en tu casa, que por ahora es hogar de nuevo. La ansiedad por estar conectado o querer hablar por telefono se extingue por el momento.
“La luz” regresa. La sala de la casa pierde vida. Cada quien ocupa una sola habitacion de nuevo.
mikke 03.20.08 at 1:34 pm
Yo aprendí quen debo dejar un poco de lado la computadora, aprendí que debo comer mucha más zanahoria (por aquello de la visión nocturna), que también es divertido (aunque no tanto) estar “a solas” (sin ningun aparato de alta tecnología que conviva con nosotros) con la familia y… pero para que nos hacemos, todo eso ya lo sabíamos sólo que casí nunca nos detenemos a reflexionar en eso.
Saludos
3fr41n 03.20.08 at 1:42 pm
A mi me toco viajar en avion y literalmente bese el suelo al llegar.
Drumstick 03.20.08 at 2:07 pm
Y eso es nomas con la dependencia de la luz, imaginen cuantas otras dependencias a aparatos, cosas, personas, imagen, dietas, etc.. tenemos. La verdad es que todos volveremos a pegarnos a esos aparatos cuando vuelva la luz.
Saludos!!!
Catrino 03.20.08 at 5:45 pm
Desafortundamente cada vez que se corta el fluido eléctrico, hemos descubierto lo mismo, y tan pronto vuelve estamos de vuelta reconectados.
Esto dura menos que los propósitos de fin de año. El cambio tendría que ser más radical, y modificar por completo nuestra forma de vida y hábitos de consumo.
Francislz 03.20.08 at 7:47 pm
Descubres que estamos tan acostumbrados a la tecnología que nos resultó estresante no funcionara nuestra computadora (me incluyo), el micro o la televisión, pero retomas otras cosas, platicar con la familia, hacer sombras con las manos en la pared, contar historias o simplemente reir en la oscuridad.
jakeBangalter 03.20.08 at 9:57 pm
Podría decir que fue algo muy feo, tomando en cuenta que en la zona donde vivo, varios techos volaron, hubo muchos anuncios espectaculares caidos, rapiña en varias tiendas, caos vial, e incluso hasta ahorita tuvimos luz en mi casa cuando las colonias vecinas la recuperaron al dia siguiente.
Pero tambien descubrí el hecho de que mi familia y yo, aunque somos casi adictos a la tecnología, la olvidamos al dia siguiente y continuamos nuestras actividades (casi) como si nada. Fue como haber alquilado una cabaña en El Manzano por unos días. Unas cuantas velas, hotdogs, papas, un refresco y un pastel para convivir en familia mientras escuchabamos lo que “el Arqui” comentaba en la radio. Y además, la reflexión sobre las cosas que hacías antes del ventarrón, analizar si realmente vale la pena seguir haciendo lo que hacías y utilizar tu tiempo de esa forma.
Nos hacían falta unas vacaciones como éstas. Unas verdaderas vacaciones.
mely 03.22.08 at 8:00 am
es verdad, en mi casa fue la primera vez en mucho tiempo que todos (los 6 de mi casa) cenamos juntos a la luz de las velas, fue una experiencia bonita..
Lavenier99 03.23.08 at 10:09 pm
Aprendí que en cualquier día inesperado se puede acabar el mundo y no estoy preparada…
Parecía película Hollywoodense! “The Mist” versión regiomontana…
Guillermo 04.07.08 at 11:37 am
Yo aprendí que debo de tener un generador de electricidad listo para esas ocasiones.
“You’ll have to take the Internet away from my cold dead fingers”
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